Sudán del Sur: Rumbek

La situación en Sudán del Sur ha continuado deteriorándose a lo largo de los últimos años. Si 2017 comenzó con una hambruna en ciertas zonas del país, en la actualidad se estima que más de 6,1 millones de personas sufren inseguridad alimentaria– afectando enormemente a la salud de los habitantes del país. Los niños continúan llevándose la peor parte del conflicto, estimándose en más de 1,1 millones los niños menores de 5 años que sufren de malnutrición grave y necesitan cuidados inmediatos.

Englobado en el proyecto “Preparadas para triunfar” la Fundación Mary Ward desarrolla el Feeding Program con el objetivo de garantizar la correcta alimentación de los miembros de la comunidad de Maker Kuei. Con el buen funcionamiento de este programa garantizamos además la mejora del rendimiento académico y de la salud de los estudiantes.

Las labores tradicionales para una mujer en Maker Kuei son extensas, e incluyen: cocinar, limpiar, lavar la ropa, plantar, regar y desbrozar el jardín familiar, buscar agua y recoger leña, y cuidar de los hijos. Las madres muchas veces delegan en las hijas para poder cumplir con estas tareas a diario. La comunidad no contempla la opción de que las mujeres puedas moverse del trabajo en la cocina y hacer otras tareas que puedan ayudar a mantener a la familia y su medio de vida.

Muchas mujeres se ven llenas de alegría cuando son capaces de alimentar a sus familias – un reto significativo en el contexto actual. Yot y Abak son dos de esas mujeres.

“Esto es lo mejor que me ha podido pasar. Comprar comida en el mercado es muy caro. A veces no hay, como por ejemplo en la época de lluvia. Mi mente está tranquila porque no pienso mucho en cómo voy a conseguir alimento. Mi salud y la de mis hijos ha mejorado. No estamos tan delgados como antes. Ya que este alimento (25kg) lo dan una vez al mes, yo cocino de poco en poco y así nos dura más días. Doy las gracias a los que compran comida para nosotros”.

Yot Chol, 30 años.
Jardinera

“Antes de venir aquí y de recibir esta ración de alimento, las cosas me iban muy mal. Como mujer joven, dormir sin haber comido y amamantar a un bebé  es terrible. Soy la segunda mujer. Mi marido trabaja para el gobierno y tarda entre dos y tres meses en ser pagado, con lo que no tenemos comida durante ese tiempo. A mi marido nunca le gustó la idea de pedir comida o dinero. En el caso de recibir dinero, este era muy poco para comprar comida pues es muy cara en el mercado. Solo nos daba para comprar 25kg de sorgo. Con los 10kg que recibo mensualmente nuestra vida es mejor. Mi marido está contento y valora que yo trabaje. A veces la comida no dura mucho. Esto ocurre cuando la familia viene de visita. Es bueno y necesario recibir alimento porque es difícil para nosotros comprarlo en el mercado. Esto ayuda a nuestra salud y nos da energía para trabajar”.

Abak Madol, 22 años.
Jardinera

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