Desde hace más de 25 años está al frente de África Directo. Sus tempranas inquietudes y su constante deseo de dar algo más de sí mismo a los demás hicieron que a la edad de 30 años y con un futuro muy prometedor en el mundo de las finanzas lo dejara todo para irse de voluntario a Calcuta. Comenzaba así, sin él saberlo aún, la experiencia que le daría sentido a su vida y que años más tarde se transformaría en África Directo.

FMW-Del mundo de las finanzas a cuidar enfermos desahuciados con las misioneras de la Caridad en Calcuta hay un abismo…
Cuando yo era un niño, mi abuelo me regalaba revistas sobre animales de África… cada semana me guardaba el suplemento y lo veíamos juntos. Él siempre me decía “a los 18 años te llevaré a África”. Pero falleció antes de eso y mi vida tomó un rumbo diferente. Estudié y comencé a trabajar en un banco. Con 30 años lo tenía todo, pero sentía que me faltaba algo… Ahí fue cuando decidí hacer un voluntariado en India, con las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta. Por entonces, trabajaba en un banco en Holanda y cuando anuncié que me iba, fue un pelotazo. De hecho, tuve que decir que pedía una excedencia para irme un año a trabajar a otra empresa, ¡lo de irse de voluntario no estaba tan bien visto como ahora!

FMW – ¿Cómo fue esa primera experiencia?
Cuando te abres a otro mundo y otra realidad, todo te cambia. En aquellas primeras semanas en India me preguntaba “qué hago yo aquí”, pero poco a poco te vas haciendo, vas comprendiendo y cambiando. Y, por supuesto, cometes todos los errores del voluntariado: creer que vas a salvar el mundo y a cada niño que te encuentras por la calle. Todo menos ir poco a poco, menos entender los problemas reales y de fondo.
FMW ¿Cómo podemos evitar que el voluntario/a se convierta en esa figura del “salvador” blanco?
Es fundamental crear equipo, compartir con los locales, que todo vaya de abajo a arriba, y a veces, esto hay que trabajarlo mucho con los voluntarios, y estar encima de ellos. Yo lo primero que hice fue aprender el idioma local, porque hay que hablar de tú a tú con la gente, entenderles y que se sientan escuchados y comprendidos.

FMW-  De la India te fuiste a Malawi… ¿cómo fue tu primer encuentro con el continente?
Se podría decir que mi llegada a Malawi fue por casualidad, aunque en la vida te das cuenta de que nada es casualidad, sino más bien causalidad. Al volver de India, vine a mi dentista de toda la vida, y resultó que estaba montando una asociación para trabajar con Malawi, y yo comencé a ayudarla con los temas logísticos. Me fuí allí, y un obispo de la zona me comentó que no había nadie para trabajar en las zonas rurales, un lugar donde apenas existían ONGs. Sólo estaban las religiosas, extraordinariamente implicadas pero con muchas necesidades. Así que me propuso crear una red de voluntariado para que fueramos allí cada cierto tiempo, formando una especie de tándem: fundraising por parte de los voluntarios, y apoyo en la gestión sobre el terreno a las religiosas, que eran quienes llevaban a cabo los proyectos.

FMW- Desde entonces, has viajado por numerosos países de África. ¿Cuáles serían, a tu juicio, los problemas internos estructurales?
Hay muchas razones detrás. Hay una parte cultural, política y social. Hay que tener en cuenta que Europa lleva ya un larguísimo proceso de desarrollo. Y en África, esto ha llegado muchísimo más tarde, es muy reciente.

FMW- ¿Cómo podemos hacer para sensibilizar también aquí a la ciudadanía en España sobre la situación real de África?
Tenemos que formarnos aquí, sensibilizarnos aquí, pero poniéndonos en la piel de las personas de allí. Hay realidades extremadamente duras que tenemos que entender para actuar bien. La cooperación tiene que ser un arma de doble filo; todo el que va para África vuelve con la cabeza muy cambiada, te das cuenta de muchas cosas. A los que no pueden viajar a África les tenemos que traer África y contarles que África también puede ser esperanza, futuro y sueño.