refugiadaUna vida empaquetada en bolsas. Cientos de kilómetros bajo los pies. Hambre. Sed. Frío. Y un futuro incierto ante sí. Un futuro repleto de obstáculos, muros y fronteras. Los vemos durante unos días en las noticias y las portadas de los periódicos, pero pronto desaparecen cuando surgen otras prioridades informativas. Hablamos de las personas migrantes y refugiadas. Mujeres, hombres, niñas y niños que huyen de la guerra, los conflictos y la miseria. Personas que pueden ser de Siria, Irán, Yemen o cualquier país del África Subsahariana; lugares de los que apenas sabemos nada.

Personas que se dirigen a Europa con la esperanza de continuar con una vida con la que ya no podían seguir en sus lugares de origen. Pero aquí tampoco será fácil. Algunos conseguirán la calificación de refugiados (los que huyen de países en guerra y puedan acreditar que su vida corría peligro). Otros serán sólo inmigrantes (no huyen de la guerra pero sí de la miseria, el hambre y la falta de oportunidades). Pero en realidad, ¿cuál es la diferencia? Ninguna.

Europa vive desde el verano de 2015 la llamada crisis de refugiados, con la llegada de más de un millón de personas que intentan entrar por las fronteras terrestres y marítimas, familias enteras que huyen jugándose la vida en el intento. Pero Europa se muestra incapaz de ofrecer refugio a quienes llegan a sus fronteras. De hecho, los países ricos, desarrollados, cierran sus fronteras, ponen vallas, erigen muros y, al mismo tiempo, pagan a estados terceros (Marruecos, Turquía… en el caso de Europa) para que se ocupen de sus fronteras exteriores. Dinero a cambio de que retengan a los migrantes –sin importarnos en qué condiciones– fuera de nuestro territorio.

Comparado con otros países, Europa acoge a una pequeñísima población de refugiados. Según datos de ACNUR, (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados), en el mundo hay 19,5 millones de personas refugiadas y de todos ellos, Europa acoge a unos 3,1 millones (el 22%). Es cierto que las llegadas se han incrementado enormemente durante el año 2015, pero todavía hoy, en proporción, los países que reciben un mayor número de refugiados son, con diferencia, Líbano y Jordania. Además, los mayores campamentos de refugiados del mundo se sitúan en países que no tienen, ni de lejos, las posibilidades de Europa. Es el caso de Dadaab, en Kenia, donde desde hace años se hacinan casi 400.000 personas o Chad, uno de los países más pobres del mundo y que con una población de tan sólo 13 millones de habitantes acoge a más de 645.000 desplazados.

La situación de las mujeres: Como siempre, las mujeres son las que más están sufriendo la inseguridad de esta situación. A las dificultades propias del camino, el frío, la falta de alimentos y los obstáculos encontrados en muchos de los países de paso, se han sumado en los últimos meses los abusos físicos y sexuales, por parte de las mafias que organizan sus viajes, tal y como ha denunciado ACNUR. Según esta organización, las mafias se valen de la dificultad de llegar a Europa para exigir cada vez más (dinero, sexo…) a cambio de proporcionar falsos visados o apoyo logístico en las rutas de entrada.