Este verano de 2014, un grupo compuesto por cinco voluntarias y un voluntario tuvimos la magnífica oportunidad de vivir una experiencia única: un mes en un país tan sorprendente como es Perú.

Nos dividimos en grupos de 2, y cada uno estuvimos conviviendo en uno de los 3 proyectos que las religiosas del IBVM tienen en este país. Una de las parejas permaneció en Lima, la capital, en un barrio muy desfavorecido, Lampa de Oro. Allí pudieron acompañar a sus habitantes, compartir horas y horas de juegos con los niños, actividades en el colegio e incluso organizar excursiones con los menores a parques de la ciudad.

Otra de las parejas se desplazó hasta Lamud, en el norte del país, donde llevaron a cabo talleres educativos tanto con estudiantes de primaria como de secundaria.

La tercera pareja, a la que yo pertenecía, fuimos a una región cercana a Lima, Jicamarca, donde las religiosas tienen un colegio, un consultorio médico y dos ludotecas infantiles, entre otros muchos proyectos. Hemos vivido mil y una experiencias únicas, momentos inolvidables, conocido personas que permanecerán siempre en nuestros corazones.

Si algo me gustaría destacar es la sorpresa que nos hemos llevado al ver la cantidad de mejoras y facilidades que el IBVM y la Fundación Mary Ward han conseguido en cada uno de los lugares. Y todo ello, sin duda, no hubiese sido posible sin toda la ayuda que, desde aquí, enviamos año a año. Desde un programa contra la malnutrición en Jicamarca; programas para incentivar la lectura; consultorios médicos con facilidades económicas para adquirir medicamentos cuando, de no existir, sería algo difícil en estas zonas; salas de estimulación temprana para recién nacidos… En fin, mil cosas que, junto con la dedicación total y diaria de las religiosas, consiguen mejorar la vida de muchas personas que no han tenido tanta suerte como nosotros.

Sin embargo, queda aún tanto que hacer… Tantos sueños que cumplir… He conocido enfermeras que lograron estudiar lo que querían gracias a la Fundación Mary Ward, pero también he conocido adolescentes de 17 años que sufren al ver que, por dificultades económicas, puede que nunca lleguen a acudir a la universidad.

En definitiva, ha sido una experiencia realmente enriquecedora, donde hemos intentado aportar nuestro granito de arena al enorme trabajo que, entre la ayuda de España y otros países, y la de quienes allí trabajan, se está desarrollando en Perú, un país absolutamente único y lleno de potencial, pero también lleno de injusticia y corrupción que juntos poco a poco conseguiremos frenar.