Angie de Hoyos-Limón nos explica su trabajo en Nyumbani Village, Kenia, donde las abuelas acogen y se ocupan de los niños y niñas huérfanos del Sida.

En Kenia, según los últimos datos hay 1,4 millones de personas adultas viviendo con VIH y 191.840 niños y niñas. Gracias a las distintas campañas de sensibilización y al trabajo de gobierno y de las ONGs el número se ha reducido en los últimos años, así como la prevalencia, que actualmente es del 6%.

Si comparamos el número de infecciones y muertes entre hombres y mujeres vemos que el grupo más afectado son las jóvenes de entre 15 y 22 años que han supuesto el 21% de las nuevas infecciones. También el número de muertes es más alto en mujeres que en hombres.

Todo esto trae consigo que mundialmente haya más de 25 millones niños y niñas huérfanos. Muchos de estos niños y niñas vienen de madres solteras que viven con sus padres. Cuando ellas mueren… ¿Quién se hace cargo de estos niños y niñas? ¿Quién se ocupa de criarlos y asegurarse de que tengan educación? ¿De que tengan un lugar donde dormir y comida todos los días?. En la mayoría de los casos son las abuelas y los abuelos. Especialmente las abuelas. Mujeres que han criado ya a sus propios hijos y que los han visto morir. Mujeres que pueden parecer cansadas, pero que esconden una envidiable vitalidad.

Gracias al trabajo que hago en Nyumbani Village, en Kenia, tengo la oportunidad de conocer de primera mano a muchas de estas mujeres. Tanto a las que ya están viviendo con nosotros, más de cien, como las que conozco cuando voy a visitar a niños y niñas que solicitan formar parte del programa. Mujeres de entre 50 y 90 años que vienen al programa para que sus nietos y nietas puedan tener la oportunidad de educarse, pero que también se hacen cargo de una casa con más de 10 niños muchas veces. Una casa en la que tienen que asegurarse de que van al cole, de que hacen sus tareas, organizan sus cuartos, cocinan la comida adecuada y no se meten en líos.

EN LA ACTUALIDAD, 1,4 MILLONES DE PERSONAS ADULTAS Y 191.480 NIÑOS Y NIÑAS CONVIVEN CON EL VIH EN KENIA

Por otro lado, no olvidan que en sus hogares, los que dejaron para asegurar mejor vida a sus nietos, hay más gente que depende de ellas. Así que hacen cestas, trabajan la tierra para conseguir verduras que venden a la aldea y consiguen dinero. Poco a poco, esto hogares reciben también el fruto de sus esfuerzos. Algunas están construyendo casas, y muchas mantienen a los que siguen allí. Por mi experiencia con ellas, y con las que visito cuando vamos a admitir nuevos niños y niñas, son mujeres muy fuertes, que han pasado muchas dificultades, tanto económicas como emocionales ya que todas han perdido algún hijo, muchas también más de un hijo y nietos. Mujeres que hacen lo que sea necesario para el bienestar de sus familias. Que aunque les tocaría descansar y ser cuidadas, no dejan de cuidar a los suyos y a los demás. Gracias a ellas, todos estos niños y niñas tienen esperanza y futuro.